
Magnificat, Magnificat,
Magnificat anima mea Dominum.
Magnificat, Magnificat,
Magnificat anima mea.
Jubilate Deo omnis terra.
Aleluia, aleluia.
El justo brilla en las tinieblas como una luz.
En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos.
Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres; su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad.
En ti confío Señor,
en ti, la paz del corazón.
En ti confío Señor,
En ti, la paz del corazón
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra.
Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo.
No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín,
sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras
y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
Cristo Jesús, oh fuego que abrasa
Que las tinieblas en mí no tengan voz
Cristo Jesús, disipa mis sombras
Y que en mí solo hable tu amor
Vosotros sois la sal del mundo.
Por la Iglesia universal, para que ayudados por tu palabra sepamos transmitir al
mundo la verdad que nos enseñas.
Por el Papa león, los sacerdotes, los religiosos y todos aquellos que dedican su vida
a seguir tu palabra.
Por las nuevas vocaciones, para que ilumines el camino de aquellos que aún tienen
dudas o miedo de seguir su corazón.
Por los jóvenes, que somos el futuro de tu iglesia. Para que sepamos actuar en consonancia con lo que nos enseñas.
Por los enfermos, los que sufren, y los que pasan un duelo. Para que sepan encontrar en ti la esperanza y consuelo necesario.
