Oración Taizé

Magnificat, Magnificat,
Magnificat anima mea Dominum.
Magnificat, Magnificat,
Magnificat anima mea.

El Señor es mi fortaleza
El Señor es mi canción
El nos da la salvación
En el confío y no temo más
En el confío y no temo más
 


El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Escúchame, Señor,
que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón:
«Buscad mi rostro».
Tu rostro buscaré, Señor.
No me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

La misericordia del Señor, cada día cantaré

En aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
No sabía lo que decía.
Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube.
Y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo».
Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Cristo Jesús, oh fuego que abrasa
Que las tinieblas en mí no tengan voz
Cristo Jesús, disipa mis sombras
Y que en mí solo hable tu amor

“Este es mi Hijo, el elegido, escuchadlo”.

– Señor, te pedimos por la Iglesia Universal, para que guíes a todos sus miembros en la fe, el amor y la esperanza en el mundo.

– Señor te pedimos que en este tiempo de cuaresma nos ayudes a vivir con un corazón arrepentido y dispuesto a la conversión. Danos la fuerza para renunciar al pecado, la generosidad para practicar la caridad y la perseverancia para crecer en la oración.

– Señor, te pedimos por el Papa, que atraviesa momentos difíciles en su salud. Concédele fortaleza, consuelo y una rápida recuperación, para que pueda seguir guiando a tu Iglesia con sabiduría.

– Señor, te pedimos por nosotros los jóvenes, para que, en medio de los desafíos del mundo, encontremos en Ti la fuerza para seguir el camino del bien. Guíanos en nuestras decisiones y fortalece nuestra fe, para que seamos testigos de tu amor y constructores de un mundo más justo.

Señor, en la Transfiguración nos muestras la gloria de tu Hijo y nos invitas a escucharlo. Ayúdanos a abrir nuestro corazón a su palabra y a seguir su camino con confianza y fidelidad. Que su luz nos guíe siempre, especialmente en los momentos de duda y oscuridad

Nada te turbe, nada te espante
Quien a Dios tiene, nada le falta
Nada te turbe, nada te espante
Solo Dios, basta

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre
Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad,
En la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.