28 Domingo Tiempo Ordinario. 11 octubre 2026
Vale la pena dejarse llevar.
Vale la pena dejarse quemar.
Vale la pena volver a empezar
por Cristo.
Aún queda tiempo para regalar,
aún queda tiempo para trabajar,
Aún queda gente hambrienta
de Cristo.
No vamos solo, aún somos más,
somos miles de antorchas y un Sol de Verdad.
Arde la tierra y grita el mar,
que Cristo vivo está.
CRISTO, LUZ DE LOS PUEBLOS DE LA TIERRA
CRISTO ES SAL DE UNA NUEVA HUMANIDAD.
Deja los rollos que te hacen dudar,
tantas historias que te hacen pasar.
Deja los miedos y lánzate ya,
por Cristo.
No vamos solo, aún somos más,
somos miles de antorchas y un Sol de Verdad.
Arde la tierra y grita el mar,
que Cristo vivo está.
CRISTO, LUZ DE LOS PUEBLOS DE LA TIERRA
CRISTO ES SAL DE UNA NUEVA HUMANIDAD.
CRISTO VIVE EN LAS CALLES, LAS CIUDADES,
EN LOS MONTES Y EN LOS VALLES, EN CADA CORAZÓN (bis)
Yo confieso ante Dios Padre todopoderoso,
y antes vosotros humanos que he pecado,
de pensamiento, obre y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa,
por mi grandísima culpa.
Por eso ruego a santa María siempre virgen,
a los ángeles, a los santos, y a vosotros hermanos
que intercedáis por mi ante Dios nuestro Señor
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso Señor,
Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Lectura del libro de Isaías:
Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo –lo ha dicho el Señor–. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».
Sal 22
EL SEÑOR ES MI PASTOR
NADA ME FALTA
EL SEÑOR ES MI PASTOR. (bis)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.
EL SEÑOR ES MI PASTOR
NADA ME FALTA
EL SEÑOR ES MI PASTOR. (bis)
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses:
Hermanos: Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Sabes, hoy estamos de suerte,
porque nos grita fuerte el Dios de la vida.
Es su amor que se hace palabra,
y aunque te sepa amarga, es nueva por día.
Déjate sorprender y cántalo otra vez.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo:
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. [Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».]
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
Quien quiera ser grande, quien quiera ser el primero, s
ea el esclavo de todos, sea el más pequeño.
No he venido a ser servido, que he venido a servir
y a dar la vida por todos para que todos puedan vivir (2)
en plenitud (2).
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.
Alma de Cristo, santifícame
cuerpo de Cristo, sálvame
sangre de Cristo, embriágame
agua del costado de Cristo, lávame
pasión de Cristo, confórtame
oh buen Jesús ¡óyeme!
y dentro de tus llagas, escóndeme
no permitas que me aparte de ti;
del enemigo, defiéndeme
en la hora de mi muerte, llámame
y mándame ir a ti
para con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos
Amen.
